Los mejores derbis del planeta — 4 de mayo de 2015 | 10:14

Milan-Inter, el derby della Madonnina

Un texto de

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La estatua de cobre dorado de la Virgen María situada a 108 metros del suelo que preside la aguja mayor del Duomo, la colosal Catedral de Milán, vigila el destino de la ciudad y sirve, además, como símbolo de uno de los derbis con más solera del mundo, el Inter-Milán. La rivalidad entre los dos equipos de la ciudad es extrema. «Antes de morirme me haré del Milan. Así se morirá uno de ellos», resumía el genial Giuseppe Prisco, «Peppino» para todos, vicepresidente del Inter de Milán durante más de treinta años. La enemistad es innherente a la ciudad porque el Inter nació como una escisión del Milan Cricket and Football Club (A.C. Milan), al dar el portazo parte de la directiva después de un cambio de estatutos que vetaba la presencia de jugadores extranjeros en el club. 

«Estoy en contra de todas las formas del racismo, pero si mi hija se casa con un milanista no la entrego en el altar», palabra de Giuseppe Prisco

El derbi de Milán fue durante décadas también una cuestión de clases porque el Inter era percibido como el equipo de la burguesía, del poder establecido, mientras que los rossoneri eran el pueblo, el proletariado que se manchaba las manos y luchaba por prosperar. Las diferencias estaban asimiladas por la grada hasta el punto de que los aficionados del Inter llamaban a sus rivales «casciavit» (destornillador en el dialecto milanés) mientras que los hinchas del Milan hacían lo propio al referirse a sus vecinos como «bauscia», que se podría traducir como fanfarrón. Los términos todavía se usan hoy en San Siro pero como burla, imposible encontrar esa diferencia de clases entre las dos aficiones, especialmente porque el Milan es propiedad del peculiar Silvio Berlusconi, «Il Cavaliere», un empresario multimillonario que ha sido tres veces primer ministro de Italia y protagonista habitual tanto del papel couché como de la crónica de tribunales por sus problemas con la justicia.

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Durante décadas el Inter fue el equipo grande de la ciudad, un grande de Europa liderado por el genial Giuseppe Meazza, uno de los mejores jugadores italianos de la historia. Pero también lo fue del poder, muy vinculado al movimiento fascista que de hecho cambió de colores e incluso de nombre al equipo, pasándose a llamarse durante un tiempo Società Sportiva Ambrosiana. La rivalidad entre los vecinos creció después de la II Guerra Mundial porque en los cincuenta y sesenta se convirtieron en referencias no ya sono del fútbol italiano sino de toda Europa con el Gran Inter de Luis Suárez, Facchetti, Mazzola y Helenio Herrera en el banquillo o el Milán de Nereo Rocco.

Después de unos escarceos con la Serie B el Milán se convirtió en dominador indiscutible gracias a los revolucionarios esquemas de Arrigo Sacchi. El Milán levantó en seis años tres Copas de Europa, cuatro scudettos, otras tantas Supercopas de Europa y dos Intercontinentales. La narrativa del derbi cambió entonces para siempre porque el Inter, con un pasado glorioso, pasó a ser un club acostumbrado a la calamidad como recordaba Enric González en las páginas de El País. El Inter de Milán se ha convertido en un equipo experto en acertar en el mercado de fichajes: durante los últimos tiempos ha dejado marchar a Roberto Carlos al Real Madrid por carecer de futuro, a Zinedine Zidane a la Juventus porque no se adaptaba al estilo de juego y Andrea Pirlo al Milán porque se quedó sin sitio con el fichaje de Emre.

Los errores y bandazos en la dirección deportiva se convirtieron en motivo de escarnio público, de ahí que durante años circulase aquel chiste en el que Gatusso apostaba con Ancelotti y el resto del vestuario del Milán que él solo podía ganar el derbi. La plantilla se va de vacaciones y a, la vuelta, preguntan al centrocampista cómo ido la experiencia. Gattusso, indignado, responde que empate a uno. «¿Y por qué estás tan enfadado entonces? Un empate jugando uno contra once es magnífico», le dice Maldini. «No, si el resultado no es malo, lo que me molesta es que me hayan expulsado por protestar en la primera parte», contesta Gatusso. La retórica, eso sí, ha cambiado en los últimos tiempos gracias a José Mourinho, que convirtió ese mismo Inter de Milán en todo un campeón de Europa.

Los números hablan de un derbi igualadísimo, con casi las mismas victorias para uno y otro, y un puñado de leyendas: de la inteligencia de Gianni Rivera a la elegancia de Giuseppe Meazza, del coraje de Javier Zanetti a la clase de Paolo Maldini, del instinto de Ronaldo a la fuerza de Gunnar Nordahl. Un derbi extraordinario que, pese a todo, no es ni el más pasional ni el más grande de Italia. Eso son palabras mayores porque el derbi della madonnina coexiste con la batalla de la capital entre Lazio y Roma y el gran derbi de Italia entre Inter y Juventus. «Si estrecho la mano a un milanista me lavo las manos, pero si le doy la mano a un juventino me corto un dedo», resume «Peppino» Prisco. Italia es diferente.

Víctor Pérez

Víctor Pérez es periodista. Licenciado en Periodismo y Comunicación Audiovisual por la Universidad Carlos III, fundó en 2001 FIFA-Champions para organizar torneos internacionales online del popular videojuego de EA Sports. Desde 2003 trabaja en el desarrollo de esta web como plataforma de información deportiva, que ha llegado a tener su propia revista interactiva, radio online y foros con una comunidad de más de 10.000 miembros. Durante los últimos tres años ha trabajado en la sección de deportes del diario ABC

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