
Carlo Ancelotti daba una palmada de queja, los fantasmas irrumpían en los sueños más despiertos de John Terry y mientras Lampard se dirigía al punto fatídico, Nicolás Anelka se mordía los dientes. El tanto de Wayne Rooney a un minuto del final, revivía el frío recuerdo del mayo de Moscú.
Han pasado casi dos años de aquélla final de la Champions, pero a John la distancia entre punto de penalti y portería le sigue pareciendo la misma.
Ésta vez la lotería sonrió a la hinchada blue. Ésta vez sí sonó el ‘blue is the color’ en la grada de Wembley. Pero había una diferencia emocional impactante. Es el mismo Chelsea, pero con una sensación de poderío que le asemeja a los mejores días de Mourinho en Londres. La superioridad física y de control del partido influyó en el estado anímico de los jugadores. Incluso, sorprendentemente, para cambiar en el último instante el lanzador del penalti definitivo.
Pobre el intento del Manchester United de sobrepasar la barrera que dispuso el técnico italiano en el centro del campo. Con Mikel y Essien enfundados en su mono de trabajo y la dirección de Lampard, el Chelsea pasó por encima del clan de Ferguson durante los 90 minutos. El tanto de Nani y la acción de Rooney fueron más fruto de su carácter ganador individual que de un esquema previsto anteriormente. El United se cansó de sobrevolar la defensa contraria con balones aéreos que no ganaron nunca. Además, ante la telaraña africana, faltaron elementos capaces triangular por el suelo. Eso que Anderson, Giggs y Berbatov se han cansado de practicar durante la Asian Tour. Los goles del Chelsea fueron polémicos, aunque a mi juicio válidos. A pesar de una de las leyes de la ventaja peor aplicada de todos los tiempos. El planteamiento de Carlo ha sido muy similar al de Hiddink. Salvo que Anelka ha olvidado la banda derecha dejándola medio huérfana en ataque. Por la izquierda, tanto Ashley Cole como Malouda han dado mejores sensaciones que la pasada campaña. Especialmente hábiles las reacciones de Ancelotti desde el banquillo. Por ejemplo, la entrada de Deco y Ballack a un cuarto de hora del final para dormir el partido. Lo ha conseguido. El United no ha acechado en el último tramo. Ferguson se ha limitado a revolucionar todo (4 cambios) sin revolucionar nada (todos hombre por hombre). Deberá mejorar este United para seguir la senda de su pasado más reciente.
En las penas máximas se ha trasladado esa sensación de control absoluto. Sin dudar, pegando fuerte y colocado los blues y temerosos y dubitativos los red devils. A priori una lotería, pero el Chelsea había comprado muchas más sensaciones, muchos más cupones, durante el transcurso del partido.
Minibreves: Pese al empate del Bayern en Hoffenheim, me causó buena impresión el estreno de Van Gaal. Tanto como el de Ralf Rangnick, que parece gafado con las jugadas polémicas y los postes. Ibisevic, aún sin estar al 100%, mete miedo. Junto a Chinedu Obasi, dos recuperaciones tremendamente importantes para el pequeño grande. En el Bayern me sorprende que Pranjic esté de lateral y tenga que tirar los córners del lado derecho. Pero el nuevo sistema me gusta y que esté Hamit Altintop de titular me gusta aún más. En definitiva, me gusta una Bundesliga espectacular dónde el Werder ya ha empezado a hacer de las suyas.