Fútbol Internacional — 27 de mayo de 2009 | 23:53

El peor trago del Shearer's bar

Un texto de

Pol Gustems – Orbita Gustems

Es su símbolo y con él fueron hasta el infierno. Alan Shearer es mencionado en cada rincón dónde pretende explicarse la historia de los Magpies. Cada uno de los 206 goles que anotó con la camiseta del Newcastle es leyenda.

Desde del primero, en agosto del 1996 contra el Wimbledon, hasta el último, en el Stadium of Light de Sunderland. Sólo han pasado 3 años des de su retirada de los terrenos de juego. Se recurrió a él como la última bala.


El salvador que sólo con su presencia podía revertir la situación en la que Joe Kinnear había dejado al club. Una inestabilidad progresiva que ha llevado a un histórico del futbol inglés a la Championship. Con una política de fichajes cuestionable, incluso volvieron a Europa en la 2006/2007. Al año siguiente volvió Kevin Keegan.

Lo hizo acompañado de Geremi, Habib Beye, Joey Barton, David Rozehnal, Claudio Cacapa, Abdoulaye Faye, Mark Viduka y Alan Smith. Antes habían llegado Michael Owen y Damien Duff. La pesadilla se convirtió en realidad con el own-goal del extremo irlandés. El Newcastle es uno de los grandes del fútbol británico. Es nivel top a nivel económico y a nivel social.

Ahora vivirá un año diferente, otra vida, la del exilio de mayores y apuesta por jóvenes valores. Aún así, ver al St James’ acogiendo partidos de segunda división la próxima temporada daña la vista. Fijar ahora un estadio con 52,387 almas en una categoría inferior no corresponde a su merecido. Incluso en abril de este 2009 se aprobó un proyecto para ampliarlo a 60,000. Seguiría sin superar Old Trafford ni Emirates, pero se consolidaría en el tercer puesto de misticismo. Un feudo que ha visto pasar a Bobby Mitchell y Win Davies, que ha celebrado los tantos de Les Ferdinand y ha regateado en los pies de Peter Beardsley. Un estadio que ha visto crecer y se ha vuelto loco con un joven Paul Gascoigne. Las redes que ha perforado Shearer.

“This is the worst feeling of my career. It’s painful and it hurts. I have got no complaints”. Alan se sinceró y reflejó el estado de ánimo de cada habitante de Newcastle upon Tyne que lleva una urraca en su corazón. Nunca un trago en el Shearer’s bar, adherido al St James’ desde hace cinco años, había sido tan amargo.

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