
Así empezó todo
José I. Fernández · Un grande sin memoria
Han pasado ya 18 años, pero todavía lo recuerdo con nitidez. Mi familia de Tolosa había venido a Madrid a pasar unos días y mi padre se los llevó al rastro. A su llegada, me trajo una grata sorpresa: mis dos primeras fotos del Atlético de Madrid, Abel Resino y Paulo Futre. Nuestro capitán y estrella y nuestro emblemático portero y después hombre récord.
Yo sólo tenía nueve años. Era época de jugar en mi salón pasándome un globo a mí mismo tras el saque de Abel, tocándola en defensa con Solozabal, Tomás o Toni, tirándome al suelo como si fuera López, cambiando el juego como Schuster y marcando goles cual Manolo y Futre.
ENTONCES EL ATLETI ME HACÍA FELIZ
Así empezó todo. Por entonces, el Atleti sólo me daba alegrías. Y me enorgullecía fascinado cada vez que remontábamos un partido, como aquella eliminatoria en la que metimos 5-0 al Oviedo o 0-3 al Athletic, o cuando ganamos las Copas al Mallorca o al Madrid.
También me llevaba algún berrinche, como cuando perdimos aquella Liga en el Bernabéu 3-2 después de ir ganando. Pero sólo era un niño. Y era feliz. Han pasado 18 años y el Atleti me da muchas más penas que alegrías.
Todavía soy feliz cuando ganamos 2-5 al Sporting o 0-2 al Racing y yo estoy presente. O cuando Torres marcaba por fin su primer gol al Madrid. O Agüero nos llevaba de su mano por primera vez a Champions en once años. Pero se me hace un nudo en la garganta cuando el Celta nos deja fuera de Europa en la penúltima jornada (2-3), o el Barça nos mete 0-6. O perdemos año tras año contra el Madrid, pese a lo que vivimos y sufrimos el fútbol los atléticos, y lo prepotentes y altaneros que son los del Madrid.

Han pasado 18 años y todavía Abel duerme encima de mi cabeza cada noche. Junto a Futre, y a Manolo, y a Schuster, y a los once del Doblete (que bien merecido se lo tienen), y algún otro que se coló en la fiesta, como Bejbl. Anoche, antes de acostarme, asistí al discurso de un entrenador herido en su orgullo que preguntaba qué queríamos, "si el Atleti había ganado una Liga en los últimos 30 años y apenas había jugado dos Champions".
Nadie le recordó a Javier Aguirre que si a la Champions hubieran ido cuatro en esos 30 años, y no sólo en los últimos diez, hubiéramos ido a Champions 20 años de los 30, no dos.
Y escuché casi hipnotizado como dedicaban 45 minutos al Atleti en la Cope, como si fuéramos importantes. Y concedían voz a Sergio Medina, uno de los líderes en Internet de esta lucha insufrible por nuestro Atleti.
¿LA VUELTA DE ABEL?
Han pasado 18 años y leo y escucho que Abel Resino parece el hombre con más papeletas para ocupar nuestro banquillo. Y la verdad es que me he alegrado. Me ha reconfortado. He querido ir a mi corcho, al que ya pocas veces miro, y hacerle una foto. Abel no haría comentarios como los de Aguirre. Abel ha estado nueve de esos 30 años defendiendo esa camiseta y, en muchos de ellos, no ganaban la Liga, no, pero luchaban por ella, y levantaban Copas, y tenían orgullo.
Seguramente no es el mejor momento. Y puede que a Abel esta oportunidad única se le escape entre las manos y le queme en sólo cuatro meses. Y lo peor es que no volverá. Pero prefiero que sea él, y no otro, quien ocupe nuestro banquillo. Al menos a él no le chillaré, porque sabré que es uno de los nuestros. A ver cuando se puede decir lo mismo al mirar más arriba. Al menos, así empezó todo.