Cuando uno lee un titular con referencias a Grecia y Alemania en lo último que pensaría es en un partido de fútbol. Así que no sorprende todo el revuelo mediático que despierta el partido de cuartos de final de la Eurocopa que medirá esta noche a griegos y germanos por un puesto en semifinales.
Y no es para menos. El momento crucial que atraviesa la economía mundial y continental tiene varios focos puestos en lo que sucede en estos dos países. Y es que, contra todo pronóstico, Grecia dio un vuelco a la clasificación del Grupo A con una victoria contra Rusia el día antes de las elecciones generales. Los titulares no eran una broma, y los sucesivos juegos de palabras no eran sino una muestra de sorpresa: Grecia seguía dentro del euro y de la Euro.
No dejarán de levantarse suspicacias durante los 90 minutos, pues el devenir del partido transcurrirá ante la atenta mirada de la canciller alemana Angela Merkel, gran aficionada al balompié -es hincha del Werder Bremen-, y que ya ha confirmado su asistencia al partido de Gdansk. Una personalidad con más enemigos que amigos entre el pueblo griego, pues sus decisiones influyen de forma considerable en la economía del país mediterráneo. La victoria griega implicaría también un disgusto a Merkel, y eso sería otro motivo para la celebración griega.
Los protagonistas del juego, sin embargo, se muestran reacios a relacionar ambos conceptos. Y, en buena parte, es algo lógico. Los hombres de Fernando Santos volverán a apelar a la unión del grupo y al sentimiento espartano, que tan buenos éxitos les dio en 2004 y que les ha servido para pasar de ronda. Enfrente tendrán a toda una Alemania, pero cosas más raras se han visto en esto del fútbol. Para darle un giro más dramático a los acontecimientos, el gran héroe del combinado heleno, Giorgos Karagounis, no podrá disputar el encuentro por sanción. Empatado a 120 internacionalidades con su compatriota Theodoros Zagorakis, sólo podrá superarle si su equipo avanza a las semifinales del torneo.
Una tarea harto difícil ante una Alemania de la que se pueden sacar pocos defectos. A pesar de quedar encuadrados en un grupo de lo más complicado, el pleno de victorias les ha servido para pasar casi sin apuros. Una posible relajación ante un combinado inferior como el griego es el principal temor de Joachim Löw, que ya ha advertido a sus futbolistas. Será otra baza a la que se agarrarán los helenos, claros favoritos para marcharse con el rabo entre las piernas tras el partido de hoy.
Y es que Alemania volverá a presentar su once de gala, con la duda de si Löw repetirá con Bender en el lateral derecho tras su gol a Dinamarca. La titularidad del jugador del Bayer Leverkusen no fue sino un castigo a su compañero Jerome Boateng por saltarse las normas de la concentración alemana. En cualquier caso, sobre el papel, Alemania no debería sufrir ante una Grecia que tirará de orgullo, patriotismo y entrega para defender su portería hasta el último aliento, al más puro estilo 2004.
Otra razón más para dedicar la victoria será el homenaje que el conjunto griego rendirá a Alketas Panagoulias, futbolista y entrenador con mucha experiencia en el fútbol heleno, y que falleció el pasado 18 de junio a los 78 años. En su memoria se portarán brazaletes negros.
En ocasiones como esta, el tópico parece ser cierto: el fútbol es algo más que un simple juego. Que se lo digan a los griegos, porque, ¿hasta qué punto puede este partido resultar influyente? Verdaderamente, Alemania y Grecia se juegan los cuartos. En el sentido deportivo, claro.
