
Espectacular segunda parte
Juan Carlos González · FifaChampions
A veces el fútbol nos confunde. Si los dos equipos convierten la segunda parte en un correcalles, de aquí para allá, de tu casa a la mía, resulta complicado creer que en esos trepidantes 45 minutos no suba ningún gol al marcador. Aunque hay que quedarse con la actitud de ambos contrincantes, que pelearon sin guantes y sin protecciones, a ver quién golpeaba más duro. Al final, empate a los puntos. El partido acabó con el resultado con el que los jugadores se fueron al descanso, 2-2. Por difícil que sea de creer.
Mucha parte de culpa del éxito del partidazo que se tatuó en el césped del Bernabéu la tuvo el planteamiento de 'Tintín' Márquez, que no reservó nada y sacó a De la Peña, Nené, Luis García y Tamudo. Con ese cuarteto de atacantes no podían encerrarse a esperar al Madrid, sino que tomaron la iniciativa desde el primer momento. Schuster, por su parte, tuvo que dejar en el banquillo a Robben, porque todos no caben y la política de las rotaciones parece que es asumida de buen grado por todos.
El Madrid salió con las típicas ansias del local, para demostrar que ésa es su plaza y de nadie más. Pero si no consigue ponerse por delante pronto en el marcador, el rival pide su turno e intenta poner sus banderillas. Si en esas Heinze asume el papel de toro desbocado dentro del área, la labor de los delanteros espanyolistas se antoja más fácil. El argentino barrió a Tamudo, y el capitán blanquiazul supo engañar a Casillas desde el punto de penalti.
Entonces el Madrid, herido, sacó su casta. Cuatro minutos después, Raúl empató el partido por primera vez. Un centro de Ramos desde la derecha fue rematado por Raúl de manera inapelable, picada, con la red como destinataria. Pero el Espanyol también demostró su capacidad de reacción, y en lugar de venirse abajo tras el gol encajado, se lanzó otra vez a por el enemigo, sabedor de que las batallas en campos míticos engrandecen al equipo. Entonces, Román centró y Luis García se arrojó al vacío para empujar el balón y volver a poner por delante a los suyos.
Luis García tuvo otra oportunidad minutos después, lo que habría supuesto mandar los 3 puntos por adelantado a Barcelona. Pero Raúl no estaba dispuesto a dejar escapar la oportunidad de reivindicarse ante su público. Por eso, cuando ya se habían consumido dos minutos del tiempo de descuento de la primera parte, el '7' siguió luchando, convirtiendo un pase defectuoso en una asistencia. Se revolvió, recortó y disparó a ras de suelo, donde Kameni sacó el mismo resultado que si se hubiera quedado cruzado de brazos. El capitán blanco volvió a llevarse los pulgares a la espalda, desmintiendo de esta manera que el gesto fuera dedicado en el pasado a Luis Aragonés. Y dándonos la razón a los que creemos que sólo está para jugar en el Bernabéu. Los 90 minutos, pero sólo en el Bernabéu.
La segunda parte nos trajo un auténtico espectáculo. De portería a portería guarrería, solíamos decir en el colegio. Pero éste es el fútbol que gusta en los campos de fútbol. Sin tácticas, sin leyes, sin normas. Sólo futbolistas, piernas, fuerzas, un balón y miles de miradas inquietas y deseosas. Pero siempre revoloteaba por nuestras cabezas hasta cuándo aguantaría Márquez ese vaivén, porque las cartas se reducían a efectividad, y ahí el Madrid saca matrícula de honor una vez de cada media.
Tras 25 minutos, Márquez decidió parar esa locura y sacó a De la Peña del campo para meter a Coro. Antes había cambiado a Román por Ángel, instalando un doble pivote para retener las ofensivas blancas y confiando su ataque a la velocidad de Nené, Tamudo y Luis García. Schuster dio entrada a Robben y Sneijder, pero el primero tuvo que retirarse antes de tiempo, por un pichazo en el muslo. De ahí hasta el pitido final, cada balón era el fin del mundo, pero ninguno acertó a controlar el universo. Quedaron empatados, como buenos hermanos y grandes contrincantes que ofrecieron un bello espectáculo. En este tipo de partidos, lo de menos debería ser el resultado.