Noticias del Día — 11 de junio de 2009 | 2:44

¿Se puede estar "tri-tranquilo"?

Un texto de
Samuel Eto'o, con pie y medio fuera del Barcelona

Elisabet Robles · Opinión

Joan Laporta sorprendía hace pocas horas a curiosos y extraños con un adjetivo de lo más original. Ante la llegada de Florentino Pérez y el nuevo proyecto del Real Madrid, entre las que se incluyen incorporaciones a la plantilla de lo más selectas, el presidente del Barça dijo sentirse "tri-tranquilo".

Está en su pleno derecho de regatear a la prensa con hechos feacientes (la histórica consecución del triplete) pero, ¿Es el fútbol una cama en la que poder dormir tranquilo?

Discreparle al Barcelona su liderato europeo es poco lícito. O más bien inaudito. El conjunto catalán ha levantado las tres copas que tenía en juego en poco más de una semana y ha celebrado merecidamente un trébol de títulos inédito en nuestro país. De chapeau.Sin embargo, si hay algo que pelea constantemente con las alegrías son las penas y lo que se hizo ayer queda, a partir de hoy, en el pasado. Histórico, sí, aunque no por ello deja de ser otro pretérito imperfecto en manos de la única terminación que nunca muere, el balón.

Entre whiskys y cavas a la directiva azulgrana se le ha colado una buena resaca. Ahora, con muchas menos fiestas a la vista, deben lidiar con un caso de lo más amenazante. Tanto o más que emocionante. No deja de ser curioso el hecho de que tras anotar 34 goles y abrir la lata en Roma su situación sea la misma que hace 12 meses. Pep Guardiola le pide a Txiki que le busque equipo a Samuel Eto'o porque no cuenta con él. Le comunica, además, que está dispuesto a darle el visto bueno a un supuesto cambio de cromos siempre y cuando le traigan otro "nueve".

El camerunés, que se ha superado a nivel personal, y su representante se frotan las manos a la espera de conocer otra de las propuestas económicas que Mesalles ha conseguido arrebatarle a Laporta. El "president" dice que le gustaría que se quedase. Samuel, que no es tonto, sabe de sobra que no le quieren. Y, sin embargo, vuelve a tener la sartén por el mango: Quiere una ficha de cifras similares a las de Messi.

Por eso no es complejo pensar y admitir que los estados de euforia deben tener fecha de caducidad. El entrenador comunicó el pasado verano (incluso se hizo público) que no contaba con el jugador pero ni al club ni al propio futbolista le interesaban las propuestas económicas y deportivas que se les presentaban. Guardiola, que nunca cambió de parecer, calló y tragó. Y ahora, tras cerrar una temporada irrepetible, es a la directiva a quien le toca mostrar los deberes. Los campeones varían pero los veranos nunca cambian.

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