Durante los últimos años el fútbol americano, primer pasatiempo nacional en Estados Unidos, se ha visto obligado a sufrir una transformación brutal ante los preocupantes descubrimientos científicos que vinculan los repetidos golpes en la cabeza y conmociones que sufren estos «gladiadores» del siglo XXI con una grave enfermedad degenerativa.
«Si tuviera un hijo tendría que pensármelo mucho antes de dejarle practicar este deporte», sentenció meses atrás Barack Obama, reflejo de la preocupación de la sociedad estadounidense por las consecuencias a largo plazo del espectáculo de fuerza del «football», especialmente a raíz de los suicidios de varios jugadores con apenas 50 años de edad. La huella de esa enfermedad degenerativa, la encefalopatía traumática crónica (CTE), prácticamente solo se puede detectar en una mesa de autopsias, así que un equipo liderado por el neurólogo Adam Hampshire se propuso comparar la actividad cerebral de un puñado de exjugadores de la NFL, sin síntomas aparentes de sufrir CTE, con medio centenar de voluntarios para descubrir la huella del fútbol americano.
El resultado, publicado en la revista Scientific Reports, viene a confirmar los estudios anteriores de Bennet Omalu o Ann McKee: los cerebros de los exjugadores de la NFL muestran una actividad inusual, con una mayor probabilidad de desarrollar disfunciones ejecutivas, lo que deriva en problemas cognitivos. Hampshire explica, en declaraciones a la revista Time, que los cerebros de los exjugadores se muestran hiperactivos, utilizando más energía mental para completar el test al que fueron sometidos todos los sujetos. Además, los deportistas mostraron niveles más bajos de conectividad entre el lóbulo frontal y otras partes del cerebro. Además, el nivel de actividad cerebral anormal se corresponde directamente, según los autores del estudio, con el número de veces que los exjugadores abandonaron un partido por un golpe en la cabeza.
«Lo que todo esto quiere decir es que podemos ser capaces de desarrollar un método para evaluar los efectos secundarios a largo plazo de los golpes en la cabeza que sufren los jugadores de la NFL», relata Hampshire a Time. «Podríamos escanear a estos tipos temporada a temporada, para detectar señales tempranas de que se está produciendo cualquier tipo de daño. Es muy importante para cada jugador conocer si está en riesgo»