Noticias del Día — 22 de octubre de 2009 | 22:02

Las ganas pueden con Villa

Un texto de

El otro dia escuchaba en una emisora que David Villa es un jugador al que no se puede probar si está bien o no físicamente.

Y tienen toda la razón. He tenido la oportunidad de hablar en más de una ocasión con David.

La primera vez que hablé cara a cara con él no la olvidaré jamás, era su primera temporada en Valencia y ya había demostrado que era una estrella. Cuando le pregunté sobre las posiciones en las que él creia que iba a acabar la Liga, un joven David Villa me dijo que a él le daba igual como quedarán los demás, a él solo le importaba que el Valencia estuviera en Champions.

Esta es sólo una muestra del carácter ambicioso de Villa. El asturiano es un ganador nato, siempre quiere jugar, dar el máximo y estar al lado de su equipo. El gol es su mayor obsesión, hay partidos que lo intenta tanto hasta desesperarse. Pero no por ello abandona a su equipo, sino que lucha, sube, baja y defiende como el que más para ganar.

Cuando Villa no está en el once titular o simplemente no puede jugar por lesión lo pasa francamente mal. El no jugar ante el Barça fue un varapalo para David, ya que había hecho hasta lo imposible por llegar a tiempo. Pero se sacrificó por el bien del equipo y sufrió como un aficionado más desde la grada. Un papel que afortunadamente para él y para todos dejó ayer. Y vaya que sí lo dejó. Desde el momento en que Emery le dijo: ¡Guaje, preparáte que sales!, Villa se quitó el peto y salió a darlo todo. El primer balón que tocó fue a muerte y desde ahí no paró de correr, de moverse de un lado para otro, la pidió, quería marcar y lo intentó de todas las maneras hasta que……

Perdió un poco los nervios. Quizás este sea uno de los fallos de Villa. Le pone tantas ganas y tanta pasión a cada balón que a veces cuando algo no le sale pierde los nervios. Y eso fue lo que le sucedió anoche. Tenía tantas ganas de gustarse, de jugar, de marcar y de ganar que perdió un balón, se cayó y desde el suelo dio una pequeña patada a un jugador del equipo rival. Un gesto que el árbitro interpretó como agresión y se mostró implacable al mostrarle la tarjeta roja.

Una expulsión, un tanto rigurosa porque la falta de Villa no fue tan violenta como para sacarle la  roja. Pero que deja claro que Villa no sale a ningún encuentro a probarse, ni a ensayar, sino a jugar a muerte por cada balón. Así es él, con un carácter ganador que gusta, pero que en ocasiones debería controlar para no perder los papeles y así no dejar a su equipo con 10 como pasó ayer ante el Slavia de Praga.

 

Print