
Siete al Sporting
JUAN CARLOS GONZÁLEZ ·FIFAChampions
El Madrid comenzó con un hat-trick de Van der Vaart y acabó con un doblete de Raúl. El holandés, feliz con sus goles y su partido, tuvo que ceder, quizás contra su voluntad, el relevo de estrella para Raúl. El Bernabéu necesitaba sus goles y el capitán los mimos y aplausos del público. Al final, todos contentos. Menos los del Sporting, que no ven la luz al final del túnel. De hecho, están más cerca de caer al precipicio que tienen detrás, y que si asomas la cabeza te lleva a Segunda sin que te des cuenta.
El partido podía ser una fiesta total de los blancos o una nueva pitada del público madridista. Se cumplió lo primero, porque el Madrid no rompió el motor y tampoco los jugadores echaron el freno de mano. Y decidieron no hacerlo contra el rival más débil, el que llegaba con las heridas más profundas en su cuerpo. Los goles que los aficionados reservaron contra el BATE Borisov se los llevó esta noche Preciado en el autobús.
Le salió todo redondo a Schuster, porque además el partido sirvió para dar descanso a Van Nistelrooy, que no hizo falta que saliera, Heinze y Sergio Ramos, quien ni siquiera entró en la lista de convocados.
El Madrid sabía que era el partido perfecto para que se le perdonaran sus pecados, y por eso arrancó con las revoluciones al máximo. Quizás, porque esta Liga será un continuo examen a los blancos, ya que se enfrentarán al rival que deje el Barça por el camino, por lo que cada jornada servirá para calibrar el nivel de ambos equipos.
Van der Vaart abrió la lata de los goles olvidados con una gran volea y después con un gran taconazo, que encontró la puntera del defensa para acabar la faena. Higuaín demostró que sigue en racha y marcó de disparo cruzado.
A la vuelta del descanso Van der Vaart completó su hat-trick y ya soñaba con las portadas del día siguiente. Además, dio la asistencia del siguiente gol. Robben burló la precipitada salida de Sergio Sánchez, quien quizás sólo falló en este gol.
Y después llegaron los minutos que más espacio ocuparán en los telediarios: los dos goles de Raúl. El primero, marca de la casa, de esos que siempre ha marcado de él, de oportunista, de estar en el sitio correcto. El segundo fue de los de hace diez años, de los que dejó de marcar. Tras construir una pared con Saviola, Raúl encaró al portero, y como había recuperado la confianza con el gol anterior, picó el balón y marcó de vaselina. Goles, aplausos, abrazos y cariño para el capitán, que lo necesitaba. Todos salieron contentos, menos los del Sporting.