Las tablas en el primer clásico del mes de abril dejan la Liga encarrilada para el Barcelona. Pudo ser peor para un defensivo Real Madrid, que logró empatar gracias a un penalti de Cristiano Ronaldo el tanto de Messi también desde los 11 metros. Y es que el primer duelo entre Mourinho y Guardiola quedó marcado por el árbitro.
Flojo partido en el que ambos ganaron y perdieron algo. El Madrid de Mourinho ganó -o salvó- un punto en el Bernabéu ante el Barcelona y demostró que, en 90 minutos, todo puede pasar. Sucedió que los blancos salieron sin Özil y con Pepe, es decir, intentando evitar que los de Guardiola se sintiesen tan a gusto como en el encuentro de ida. Lo peor para el Real Madrid, además de la anunciada semi despedida de la Liga, es que pierde a Albiol para la batalla de Valencia.
Mourinho alineó a Pepe en el centro del campo en lugar de a Özil
El Barcelona, por su parte, ganó un punto que le deja media Liga en el bolsillo. Se va, sin embargo, con una sensación bastante agridulce. No tuvo problemas para tener la posesión del balón pero sí para crear peligro y ocasiones de gol. Las pocas que hubo en relación a otros partidos las desaprovechó. Tuvo bastantes dificultades para superar la maraña madridista del centro del campo. Y tuvo que marcar de penalti.
No sucedió, por tanto, gran cosa en el terreno de juego. Quizás fue mérito de Mourinho, que ha modificado también la identidad del equipo sobre el terreno de juego. Hace un año el Madrid de Pellegrini intentó pelear por tener el dominio del balón en casa. El Barcelona lo superó en todo y, más que en ningún sitio, en el centro del campo. Por eso el técnico portugués eligió sacrificar a Özil -adiós creatividad- para tapar los huecos con Pepe.
El agarrón de Albiol
La jugada le salió bastante bien a Mourinho. El Barcelona tuvo toda la posesión que quiso, pero le fue más complicado que nunca llegar a la meta de Iker Casillas. Parece que los azulgrana tampoco quisieron entrar a la guerra que planteaban los blancos: Pedro y Busquets ocuparon menos de lo esperado los espacios entre líneas. El Madrid, por contra, intentaba sacar provecho en jugadas aisladas. Pudo así marcar gol por medio de Sergio Ramos y de Cristiano Ronaldo, en dos serios avisos para los de Pep. Claro que los blancos también tuvieron que aguantar la respiración en un mano a mano de Messi con Casillas que pudo atajar el meta blanco.
A la fiesta, que era bastante pasión y muy poco fútbol, se quiso sumar Muñiz Fernández. No tardó en desquiciar los ánimos de uno y otro equipo con pequeños errores en todas las líneas del campo y amarillas bastante severas. Una de ellas, la que vería Piqué a la media hora de partido, se debió a las protestas del central catalán tras la caída de Villa ante Casillas dentro del área. Muñiz no se atrevió a pitar penalti.
El inicio de la segunda parte fue más trepidante. A los cinco minutos Cristiano Ronaldo ya lanzado una falta a la madera de la portería de Valdés y Muñiz Fernández -ahora sí- se atrevió a pitar penalti a favor de los azulgranas. El infractor, Raúl Albiol, agarró ostensiblemente a Villa dentro del área. Penalti y expulsión, por lo que el central se perderá la final de Copa en Mestalla. Messi, esta vez, no falló ante Casillas.
Özil sale al rescate
El plan de ruta de Mourinho había quedado resquebrajado. Ahora tocaba poner a Özil sobre el campo e intentar la épica. El sacrificado fue Benzema ya que, con 10, el técnico portugués intentaba no regalar definitivamente el balón a los azulgrana. A pesar de ello, el Barcelona se sintió más que a gusto con la nueva situación de partido. Quizás demasiado, ya que no intentó hacer sangre. Un fallo que en el resto de batallas sería imperdonable. Mourinho volvió a mover fichas y quitó del césped a Xabi Alonso y Di María pensando en la Copa y puso en su lugar a Arbeloa y Adebayor, pensando en poder cazar algo en jugadas aisladas.
Se dejó llevar el Barcelona en el último tramo de partido y se encontró con un Özil que le puso en problemas casi a cada balón que tocó. Para los duelos de Copa y Champions League la intervención del alemán se antoja decisiva de cara a los intereses blancos. Con él, el Madrid dispuso de algunas ocasiones que fueron encendiendo al Bernabéu, que veía que los de Guardiola no acertaban a rematar el partido.
Cristiano empata desde los 11 metros
Sucedió entonces, a ocho minutos del final del encuentro, que Marcelo y Alves intercambiaron papeles. El primero, que tuvo problemas en el inicio del partido para no perder la posición, se asomó al área en una carrera magnífica. Alves, que ya tenía una amarilla, lo derribó en un penalti de libro. Muñiz dejó escapar al lateral azulgrana, pero Cristiano no perdonó a Valdés y equilibró el partido para los blancos. El Bernabéu buscó la épica en los instantes finales para volver a soñar con la Liga. Pudo marcar cualquiera ya que Afellay o Villa estuvieron muy cerca de hacerle el segundo a Casillas.
Finalmente, el encuentro acabó en tablas. La primera batalla no resuelve casi nada: el Barcelona tiene la Liga igual de cerca que hace una semana. La próxima batalla, el miércoles en Mestalla, ya decidirá uno de los ganadores de la temporada. Ahí los azulgrana no podrán pecar de ingenuidad; los blancos tendrán que poner -esta vez sí- todo lo que tienen sobre el campo. No se espera que superen a sus eternos rivales de lo contrario en las dos competiciones que aún no tienen vencedor claro.



