
Verónica Nogales
Minuto 89, gol de Squillaci y adiós al sueño del valencianismo. A escasos minutos del final el Sevilla ejecutó un córner que la zaga valencianista no despejó bien y entonces Squillaci lo aprovechó para marcar de cabeza.
Ese tanto clasificó a los sevillistas para las semifinales, ese fallo en defensa, esa cabeza que apareció, ese gol y en definitiva un mal partido de los de Emery, mató de un plumazo el sueño de toda una ciudad. Anoche Valencia era una ciudad triste y no porque el equipo tuviera la obligación pasar de cuartos y no lo hiciera, sino porque desperdició quizás la gran oportunidad de hacer historia, la ocasión de despedir a Mestalla con una final.
Pese a que el conjunto valencianista no salió a morder y con el espíritu bélico que el Sevilla habían transmitido durante la semana desde su página web, sí que se notaba un poco superior y por eso en la primera ocasión clara de gol que tuvieron la aprovecharon para encarrilar la eliminatoria gracias a un tanto de cabeza de Marchena. La eliminatoria que pudo resolver Vicente si no hubiera fallado esa clara ocasión. Hubiera puesto muy cuesta arriba el partido para el Sevilla, pero desafortunadamente el balón no entró. Y Manolo Jiménez movió ficha, volvió a utilizar a Diego Capel de revulsivo y una vez más le volvió a funcionar; Capel y Navas fueron los creadores del juego sevillista, ellos dos se encargaron de revolucionar el partido, de apagar el juego del Valencia, de empachar a centros a Kanouté y Luis Fabiano que César aguantó como pudo. Sin embargo, después de tanto trabajo e insistencia llegó el premio. Kanouté colocó el 1-1 en el marcador antes del descanso.
La segunda parte continuó con un guión similar, el Sevilla atacaba y el Valencia defendía. Los de Emery en muy pocas ocasiones dieron la sensación de que podían ganar el partido. Silva gozó de una clara ocasión pero tuvo la mala fortuna de que Palop la atrapó sin problemas. El Sevilla perdonó demasiado y al final obtuvo su recompensa, llevándose una eliminatoria en la que en el partido de ayer partió con un gol más que el árbitro le regaló en Mestalla.
La garra, la fuerza y el carácter que ha caracterizado al Valencia en esta competición anoche no apareció y el peaje que tuvo que pagar fue la eliminación cuando sólo restaban dos minutos para el final. Si al final hubiera pasado el Valencia, hubiera sido en cierta manera justo, ya que el Sevilla le llevaba un gol de ventaja, pero parece que la suerte se volvió a aliar con los sevillistas, lo que deja a Mestalla sin partido mágico, el 13-M después de esta eliminación no será lo mismo, Mestalla anoche lloró de rabia, de tristeza, de impotencia porque sabe que una como la que tuvo anoche no la va a tener. Era el escenario, el día y la competición perfecta para homenajear a un estadio viejo sí, pero que guarda mucho sentimiento.
Mestalla y todos los valencianistas de corazón se quedaron sin sueño y quizás sin la final de un partido que siempre hubiera permanecido en la historia de un estadio que durante años ha llenado de alegrías a todos aquellos que se han paseado cada domingo por la Avenida Aragón, y también en la memoria de la afición, porque éste era el partido que a todos nos hubiera gustado recordar por siempre. Pero no pudo ser, por lo que a partir de ahora arranca un nuevo objetivo: hay que buscarle otra despedida a Mestalla de la misma envergadura.