La selección española de fútbol ha recibido este viernes el Premio Príncipe de Asturias de los Deportes 2010 en Oviedo. Y lo ha hecho con una mínima representación de los galardonados en la que, a pesar de todo, ha brillado Vicente Del Bosque.
Graciano García tuvo la idea de crear una institución que consolidara «los vínculos existentes entre el Principado y el Príncipe de Asturias» y contribuyera «a la exaltación y promoción de cuantos valores científicos, culturales y humanísticos son patrimonio universal». Así, en 1981 se entregaron los primeros galardones.
Hasta 1987 no hubo un espacio determinado para los deportes. Este galardón se entrega a «aquella persona o institución que, además de la ejemplaridad de su vida y obra, haya conseguido nuevas metas en la lucha del hombre por superarse a sí mismo y contribuido con su esfuerzo, de manera extraordinaria, al perfeccionamiento, cultivo, promoción o difusión de los deportes».
Principales ausencias
Sebastian Coe fue el primero en recibirlo «por su ejemplar historial deportivo y olímpico así como por su personalidad, representativa de las inquietudes de los atletas y por su decidida participación en la promoción del deporte».
El galardón supone uno de los máximos reconocimientos a una trayectoria profesional tanto en España como a nivel internacional, pero, a lo largo de la historia, algunos premiados con el Príncipe de Asturias de los Deportes no han recogido su diploma. Son los casos de Carl Lewis, Martina Navratilova o Lance Armstrong, cuyas justificaciones para no acudir a Oviedo fueron bastante débiles.
Muchos criticamos -me incluyo en este grupo- que los Príncipes de Asturias -y muy en especial el galardón a deportistas- quedan a menudo desvirtuados al galardonar a españoles, algo que limita su proyección internacional. Casi la mitad de los galardonados con el Príncipe de Asturias de los Deportes tienen la nacionalidad española y, por contra, no lo han recibido deportistas de la talla de Michael Phelps o Roger Federer.
Valor humano
No pretendo discutir la concesión del premio a la selección española, pero sí me gustaría realizar un ejercicio de contextualización y reflexión. El resto de los galardonados este año [Artes – Richard Serra; Ciencias Sociales - Equipo arqueológico del Museo del Ejército de Terracota del Emperador Qinshihuang; Comunicación y Humanidades - Zymunt Bauman y Alaine Touraine; Letras - Amin Maalouf; Investigación Científica y Técnica - David Julius, Barauk Minke y Linda Watkins (lucha contra el dolor); Cooperación Internacional - The Transplantation Society y la Organización Internacional del Trasplante ; Concordia - Manos Unidas] han acudido a recoger un premio que les reconoce una dilatada trayectoria profesional en la que han prestado un inestimable servicio a la sociedad.
Para todos ellos, también para la selección española, supone uno de los máximos reconocimientos que puedan tener en su vida. Digo esto porque me gustaría insistir en que los Príncipe de Asturias no son unos premios más. Probablemente la selección española pueda repetir triunfos futbolísticos, y sus jugadores recoger galardones como, por ejemplo, el balón de oro, pero no van a tener un reconocimiento humano de similar calado. A menos que alguno sea capaz de lograr un Premio Cervantes o un Premio Nobel, pero, por ahora, me tomo la «pequeña» libertad de obviar esta posibilidad.
Justificar lo injustificable
La representación de la selección española en Oviedo ha estado encabezado por -el señor- Vicente Del Bosque, al que le han acompañado Casillas, Ramos, Xavi, Mata, Marchena, Capdevila, Javi Martínez, Llorente y Reina. Es una representación escasa (no llegan a formar una alineación) y, a mi modo de ver, proyecta una pobre imagen tanto a nivel nacional como internacional.
La negativa de los entrenadores a dar permiso para que los campeones del Mundo en Sudáfrica recojan el galardón menosprecia el valor del premio. No se puede comparar la importancia de un partido, aunque pueda decidir un campeonato, con el valor que tiene un reconocimiento de esta magnitud.
Es cierto que la responsabilidad no debería caer en exclusiva sobre Guardiola o Mourinho. Desde que se conoció el fallo del jurado hasta hoy han pasado semanas en las que clubes, RFEF, LFP y AFE deberían haber acordado una solución. Y, por ello, me parece que todos tienen su parte de culpa. Incluidos los futbolistas, que fuerzan su cuerpo hasta el límite para jugar tras una lesión pero no son capaces de hacer lo mismo para recoger un Premio Príncipe de Asturias.
¿Quién sale perdiendo? Tanto la imagen de los premios (que podrían haber tenido una mayor repercusión internacional con la asistencia de todos los seleccionados) como el fútbol, que ha dejado claro -una vez más- cuáles son sus prioridades. Y, visto lo visto, no parece claro que entre las principales esté la «promoción o difusión de los deportes».
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Muy buen artículo. Yo creo que en general este premio está un poco desvirtuado no sé sabe bien por qué, pero en parte porque muchos de los galardonados no acuden a recoger el premio. A mí, personalmente, me parece un premio importantísimo que puede ser el colofón a una gran carrera deportiva. Se podía haber cuadrado de alguna forma esta jornada para que fueran todos los jugadores, tanto los que fueron a la Euro'08, como los que fueron al Mundial.
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Likela culpa es de la federacion, xk no kitan los partidos del sabado?para k esta el lunes o el domingo?es k me parece k se deberia haber hecho y grandisimo gesto de del bosque, algo k aragones no se merecia despues de todo lo k ha rajado y atacado a él y a la seleccion, y me juego el cuello a k aragones no lo habria hecho... GRANDE VICENTE, ERES UN SEÑOR!
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