Una, dos, tres… hasta cuatro veces utilizó la misma respuesta: no. Pablo Zabaleta, ahora en el Manchester City, fue uno de los principales objetos de deseo de los técnicos del Barça para reforzar su equipo, debilitado tras el fracaso de las últimas temporadas y casi decapitado tras el voto censurador de los socios a Joan Laporta. Después de varias tentativas y de acercamientos, el argentino quiso frenar cualquier comentario y pidió que no le molestaran más. Le ponían encima de la mesa un contrato de cuatro años (más otro opcional) a razón de 2,2 millones de euros brutos. Cualquier otro hubiera dado el OK, pero el sentimiento de Zabaleta por la blanquiazul siempre ha sido exagerado.
Para los azulgrana parecía pan comido. Jugaban con la complicidad de Leo Messi, íntimo de Zabaleta y persona que habría bendecido el aterrizaje de su compatriota. Con un coste de ocho millones de euros (el de la cláusula), los dirigentes azulgrana se encontraron con otra negativa: la de Dani Sánchez Llibre. Aún escocido por la frustrada compra de Javier Saviola (al final lo cedieron al Sevilla), el responsable blanquiazul optó por negarse, esperando que fuera el propio futbolista el que diera la respuesta definitiva y esperada: no.
Sorprendente es que aun se respeten los colores y los sentimientos por un equipo y una afición.
Fuente: As