El camino a la Super Bowl de Nueva Orleans tomó aires de película de Hitchcock en los partidos divisionales de la NFL, escaparate inmejorable para el público recién llegado a un deporte abonado al suspense. Especialmente dramáticos fueron los encuentros en Atlanta (Falcons-Seahawks) y Denver (Broncos-Ravens), resueltos al borde del infarto para delicia de los fanáticos del primer pasatiempo de los Estados Unidos, a dos pasos del gran fin de fiesta que cada año da la vuelta al mundo, entendido como espectáculo exótico en el extranjero y una cuestión casi de Estado en el país de las barras y estrellas. Nada como el «football» en América.



