
Víctor Pérez / Opinión
Nuevo agravio comparativo entre la Premier y la Liga Española. Los ingleses, que inventaron el fútbol, han dejado en ridículo al resto de Europa dominando un año más la fase final del trofeo más importante del continente, la Champions League.
La mitad de los conjuntos que disputen los cuartos de final serán de la Premier League, y no es coincidencia. El fútbol inglés ha conseguido llegar a la final de la Champions en sus últimas cuatro ediciones, incluyendo la última disputada entre Manchester y Chelsea.
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Los octavos depararon un triple enfrentamiento entre equipos ingleses e italianos y ni el Inter ni la Juve ni la Roma consiguieron un billete para cuartos. El Liverpool fue el cuarto clasificado, tras zamparse al Real Madrid con un sonrojante 5-0 en el global de la eliminatoria.
La propia Federación Inglesa (FA) se ha encargado de meter un gol por la escuadra a españoles e italianos. El fin de semana previo a jugar la vuelta de los octavos de la Champions los conjuntos ingleses disputaban una ronda de una de sus copas (FA Cup) mientras que en el resto de Europa se disputaba una jornada más de Liga, con todo lo que ello conlleva. Equipos como el Inter o Real Madrid tuvieron que esforzarse en su campeonato nacional mientras que Alex Ferguson daba descanso a varios de sus titulares y el Liverpool, al estar eliminado, ni siquiera tenía partido. Hábiles los ingleses, que se han hecho un calendario a medida.
Por si fuera poco, los ingleses se han encargado de reinventar el fútbol o, al menos, intentar estropearlo lo menos posible. Los partidos ligueros se disputan a mediodía con un doble objetivo, explotar el marketing al máximo (los chinos programan la Premier en su prime time) y minimizar los actos violentos de los hooligans, que lo tienen bastante más difícil a esas horas para armar bulla.
Una vez más, el Manchester-Liverpool fue el paradigma del show de la Premier League. Dos equipos históricos, frente a frente, con la lucha por la Liga como telón de fondo se enfrentaron en Old Trafford. Un ambiente espectacular en un horario en el que aquí se juega la 2ªDivisión; cero incidentes y mucho, mucho espectáculo. A ello contribuyen también los jugadores y colegiados del encuentro, algo diametralmente distinto a lo que ocurre en Italia y en España, donde se han cargado el fair play.
Vidic vio la tarjeta roja, pero el partido no se estropeó gracias a la labor del árbitro. Alan Wiley se quitó a todos los jugadores de encima para explicarle a Vidic la razón de su expulsión y, seguidamente, le mostró la tarjeta roja. Los árbitros españoles deberían aprender. Aquí, el colegiado corre para enseñar la tarjeta roja al futbolista en una actitud casi desafiante, lo que provoca más protestas y más amonestaciones.
La actitud de los propios futbolistas en Italia y en España les deja en ridículo con sus piscinazos, sus protestas y sus triquiñuelas para aprovecharse del árbitro y ganar al contrario. Lo único que hacen es demostrar la falta de una propuesta de fútbol en sus pies. Se incluyen aquí grandes jugadores, como Casillas este fin de semana, que se equivocó simulando una agresión en la cara en el empujón de Yeste. No estuvo bien el mediocentro rojiblanco pero casi peor estuvo el capitán de la selección española, que es el primer ejemplo para todos los niños españoles que sueñan con ser futbolistas algún día. La cultura del todo vale no es la mejor que se puede inculcar a una sociedad que ha perdido el respeto por los árbitros, dentro y fuera del fútbol.
Me da envidia ver un fútbol como el inglés, entretenido y tenso a la vez que noble. Me da pena ver cómo se ensucia el fútbol en Italia y el de nuestra Liga, que hasta hace poco era la mejor del mundo. La solución pasa por el propio público, que ha de censurar la actuación de los tramposos y aplaudir la actitud de aquellos que quieren un espectáculo justo y ayuden a los árbitros.
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