
Víctor Pérez
La Liga es un trofeo a la regularidad pero lo cierto es que los detalles pueden decidir muchas cosas, algunas de ellas dramáticas. Se quejaba tras el partido de anoche -y con razón- Lucas Alcaraz por la actuación de González Vázquez: "Lo peor y lo más grave es la indignación que tenemos, pues tras mucho esfuerzo, vemos que todo es en contra y todo son complicaciones".
Jamás tuvo que subir el primer tanto del Villarreal al marcador. Ni el árbitro ni el juez de línea lo vieron desde el principio, sino que decidieron unos segundos después conceder el tanto. De no ser así, el asistente hubiese corrido hacia el centro del campo nada más 'ver' el gol. Pero no lo hizo. González Vázquez se equivocó.
El problema es que estos 'pequeños' errores deciden puntos, partidos, ascensos y descensos a lo largo del campeonato: Durante las últimas 10 temporadas sólo en una ocasión las plazas de descenso se decidieron por una diferencia mayor de tres puntos. Y las consecuencias de un descenso son trágicas.
Vivimos un fútbol anquilosado en el pasado, con mucho camino por recorrer para ponerse a la altura de los deportes más modernos. El colegiado se puede equivocar, es humano, pero el problema radica en que no hay mecanismos para corregir esos fallos que tanto daño suelen hacer a los más débiles. En el mundo del tenis, de la F1, del baloncesto, del fútbol americano o del hockey ya se está utilizando la tecnología para ayudar a resolver estas injusticias. La salsa del fútbol no son los errores, sino los goles.


