
El Atlético se enfrenta a dos semanas cruciales para valorar la temporada. El equipo de Quique se juega un puesto en la final de la Copa ante el Racing y tendrá que lidiar contra el Barcelona antes de disputar la ida de los dieciseisavos de final de la Europa League.
Por plantilla, por casta y por historia, los rojiblancos están obligados a ganar. No vale ya quedarse a las puertas de una final copera que podría salvar la temporada, ni caer a las primeras de cambio en la nueva UEFA. Es hora de que el equipo demuestre su “profesionalidad” para evitar que no haya por lo que luchar desde finales de febrero.
Lo que no está tan claro es que estas dos semanas puedan salvar al Atlético. La plantilla rojiblanca -que podría ser mejor- es suficiente para colarse entre los primeros de la tabla. Resulta casi un sacrilegio pensar que con una delantera de primera línea mundial el equipo no sea capaz de llegar al sexto puesto en la Liga. Pero los números dicen que el Atlético hoy está más cerca del descenso que de los puestos europeos.
La Copa resulta, por tanto, un buen pasaporte para Europa. Pero el Atlético no está configurado para luchar en una competición menor. Como equipo grande -por plantilla, presupuesto e historia- que es la Europa League sabe a poco, es prácticamente un castigo. O más bien una trampa. Ni al aficionado ni al club le interesa la competición salvo que se llegue a las rondas finales. Eso, hoy por hoy, resulta complicado de pensar, aunque un título europeo -por pequeño que sea- puede hacer olvidar cualquier temporada mediocre en la Liga.
El Atlético de Madrid aspira a más. Quiere luchar con los grandes, por entrar en la Champions, por sentirse importante, pero ve que no puede. Es más, el equipo ha dejado de ser el tercer equipo de España: ahora lo son el Valencia, Villarreal o, sobre todo, el Sevilla, que sólo lleva una temporada más en Primera desde su último ascenso que los rojiblancos. Y es que siete temporadas dan para mucho salvo en el Atlético de Madrid, dónde parece no haber evolución. Las caras cambian, los nombres bailan, pero los resultados siguen siendo decepcionantes para una de las hinchadas más pacientes de España.
El problema es que salvo milagro en forma de títulos, el equipo nadará un año más en la mediocridad. Y no parece que vaya a ser compatible con la presencia de cracks como Forlán o Agüero, y salvo venta millonaria de éstos tampoco parece que se pueda solucionar el problema a golpe de talonario. El año que viene, por tanto, apunta a ser bastante más complicado para un equipo capaz de lo mejor y de lo peor, pero que se ha acostumbrado a dejar las portadas de los periódicos a otros
¿Hay solución? Probablemente; sólo el Atlético sería capaz de arreglar semejante desaguisado. O no.


