La conclusión tras la segunda jornada de liga es obvia y nada sorprendente, nuestro campeonato se bipolariza hacia un pulso entre Real Madrid y Barcelona en el que nadie va a poder meterse. Durante el último lustro sólo el Villarreal -de Pellegrini, por cierto- terminó la liga por delante de uno de estos dos equipos. Tres títulos para los azulgrana, dos para los merengues; migajas para el resto.
Sevilla, Valencia, Atlético de Madrid o el propio Villarreal tienen la misión imposible de intentar aguantar el máximo tiempo posible el tirón de estos dos grandes que, con sus inversiones millonarias en cracks de primera línea mundial han dado un salto cualitativo hacia otra liga.
Además de contar con la mejor plantilla de Europa, el Barça se ha reforzado este verano con el mejor jugador de la liga italiana, Zlatan Ibrahimovic. Pero, sin duda, la palma se la ha llevado el Madrid al fichar el mejor futbolista de la liga francesa (Benzema) y varios de los mejores de la Premier (Xabi Alonso, Cristiano Ronaldo) o del Calcio (Kaká). Las distancias, por tanto, entre los dos grandes y el resto de nuestra liga crecen a velocidad de vértigo.
Esa diferencia se debe -cómo no- al dinero. De los 20 clubes más ricos de todo el mundo, sólo aparecen -eso sí, ambos en el podio- Real Madrid y Barcelona. La clase media española no llega ya al nivel de ganancias de conjuntos como el Lyon, Tottenham, O.Marsella, Newcastle, Hamburgo o Fenerbahçe. La negociacion por separado de los derechos televisivos y los ingresos por merchandasing en todo el mundo apuntan a crear un agujero similar al de la Premier League, que hasta esta misma temporada se la disputaban los big four (Chelsea, Liverpool, Manchester United y Arsenal).
Tener más dinero significa mejores fichajes y una plantilla más preparada para luchar por los títulos. El gobierno inglés propuso a finales de la pasada campaña repartir las ganancias de los big four entre el resto de equipos, para igualar la competición. Sin embargo, los grandes no parecen muy dispuestos a ceder -tampoco aquí en España- por lo que la solución para muchos de los equipos humildes y de clase media ha sido venderse a multimillonarios, consecuencia directa de la conversión de los equipos de fútbol en sociedades anónimas deportivas.
Nuestra liga está destinada a sufrir este cambio al igual que ha sucedido en la Premier, aunque no tiene por qué ser un proceso traumático. Por suerte, el fútbol seguirá siendo fútbol y siempre será posible disfrutar de las hazañas de los más débiles.


