
Angel Espinola · Fútbol Anonimato
Me recuerda a Sissoko, sí, su porte físico de senegalés de zancudas piernas, me recuerda a él. Pero siento que la diferencia entre ambos sea tan expansiva y que compararlos sería como identificar el tamaño de la Tierra con el del astro Sol.
¿Un adjetivo para él?, yo le pondría: anónimo puro. Vino desde áfrica a triunfar y, a menos que sea un crack jugando al billar francés, pocas glorias devolverá a su tierra Badara Sene, senegalés de la generación de 1984.
Badara Sene llegó de Dakar a Francia, para jugar en el Sochaux, un equipo campeón de Copa con él en sus filas. Llegó para jugar en su cantera, como tantos otros africanos en el exilio. En 2006 debutó en la Liga Orange, llegándose a ganar un puesto en el once de la escudara gala. Su poderío defensivo llamaba bastante la atención. Pero cuando Sene la recibía (la pelota), el François Gillot al completo sabía que jamás sería una estrella. Ni si quiera en su club.
Un año más tarde Badara disputará sólo 13 encuentros en una temporada fatídica para el Sochaux. El camerunés Mezague le birló el puesto y nuestro protagonista cayó en el más terrible anonimato, el de la suplencia. Este año es fichado por el Gingamp de la segunda división francesa.
O mucho cambian las tornas o puede que Badara no vuelva a pasear su fútbol por los campos de una gran liga. Un anónimo puro, un jugador que no es estrella de su club, pero que reza al mismo Dios que el “dios” (valga la redundancia católica) Maradona, al Balón. Ese triste hombrecillo que, al igual que el mundo, nunca para de dar vueltas. Sí, en esa Supercopa de Francia, un senegalés me recordó a Sissoko….