Fútbol Internacional, Opinión — 4 de noviembre de 2008 | 12:06

El fin de una era en el Arsenal

Un texto de

¿El fin de una era?

Javi de Miguel · FIFAChampions

Eso es lo que muchos aficionados gunners se preguntan acerca del futuro de su Arsenal. Y es que una liga en la que cada vez son más los magnates que se aventuran a comprar un equipo y hacerlo ganador, subsiste un club que apuesta por la juventud y el talento prematuro.

El Arsenal es hoy en día uno de los clubes que cuenta con más aficionados fuera de las Islas, y es que su juego rápido y vertical ha enamorado a seguidores de medio mundo. Pero no siempre ha sido así. De hecho, el equipo londinense, durante la mayor parte de su historia, era reconocido como un equipo duro, agresivo y feo en sus gustos futbolísticos.

Jugadores como Nigel Winterburn , Martin Keown, Paul Merson o Ian Wright, mi gran ídolo personal, llevaron al Arsenal a ganarse el mote de bad boys por lo duros que eran jugando. Históricamente, el Arsenal siempre ha sido el segundo o tercer equipo de Inglaterra en importancia tras el Liverpool, aunque la irrupción de Ferguson al frente del United alzó a los red devils a lo más alto del fútbol inglés. A pesar de que muchos piensan que el Arsenal sólo ha triunfado en competición doméstica, son varios los entorchados internacionales que acumulan en el “Emirates Stadium”. Pese a todo, son más las finales perdidas que las ganadas y muchos tienen aún en su memoria la final de la Champions ante el Barcelona o el famoso gol de Nayim que diera al Zaragoza de Víctor Fernández la Recopa de Europa en 1995.

1995-1996 fue una temporada clave en la historia gunner por varios motivos; el primero supone el record de pago por una transferencia en Inglaterra al pagar 7,5 millones de libras por el elegante delantero holandés Dennis Bergkamp. Muchos aún sollozan al recordar una de las mejores duplas que se hayan visto en Inglaterra, Wright-Bergkamp, que condujeron al Arsenal a la final de la Copa inglesa de ese mismo año, finalizando quinto en liga y consiguiendo billete para la Uefa del año siguiente. Algo estaba cambiando en el equipo londinense y es que el fútbol que lucían los “cañoneros” comenzaba a distanciarse de la dureza del juego británico.

Justo al empezar la esperanzadora temporada 1996, Bruce Brioch es despedido del puesto y accede al mismo Arsene Wenger. El francés era un gran desconocido para el gran público, pero ya había conseguido dirigir al Mónaco hacia el campeonato galo unos años atrás. Con su llegaba trajo a algunos jóvenes talentos cómo Nicolás Anelka, Emmanuel Petit y Patrick Vieira, aunque su fichaje estrella fue el extremo Marc Overmars. Con estos y los veteranos Adams, Seaman o Dixon el equipo acabó tercero desplegando un vistoso juego ofensivo. En 1997 logró el doblete al ganar Liga y Copa, Arsene se convierte así en el primer entrenador extranjero en lograrlo. En 1998 Wenger fichaba a T. Henry después de haber fracasado en la Juventus estrepitosamente. Sin embargo, la mala suerte se cebaría con los gunners al perder el titulo liguero en la última jornada tras haberla liderado casi de principio a fin. Muchas luces y sombras en la reciente historia del Arsenal, con la derrota en la final de la Uefa y de la Champions, el doblete en el 2001 o el título de liga en 2004 sin perder ni un sólo partido.

La temporada pasada, el Arsenal fue un máquina que arrasaba partido tras partido en el inicio de la misma. Yo mismo, tuve la suerte de vivirlo en Londres y participar del sentimiento en ese delirio de los aficionados gunners; pasear por las calles al ritmo de canciones que jaleaban a Adebayor, andar por el metro de Londres y ver numerosas fotos de Fábregas o leer la sensacionalista prensa inglesa elevando al juego del Arsenal hasta la famosa excelencia del fútbol. Una vez más, el final de temporada nos dejó lejos de los títulos y con la misma sensación de siempre, falta madurez y saber ganar; eliminamos al Milán de la Champions y cuando teníamos al Liverpool contra las cuerdas nos dejamos remontar.

Uno, que antes que persona racional es forofo, confiaba en que este grupo podría dar un pasito más este año y optar a todo, aunque ya en noviembre nos damos cuenta que estamos muy lejos de ser favoritos a nada. Nuevamente nos corresponde el papel de equipo que juega bien pero cae cuando los grandes asumen su papel. Lamentablemente, este año sólo hemos jugado bien a ratos y aunque la temporada es larga quizá sea el momento de hacer autocrítica y decirle a Wenger aquello de “renovarse o morir” porque puede que el atrevido y romántico modelo del francés esté llegando a su fin y con él la marcha de nuestras grandes estrellas.

Pese a todos los rumores que le sitúan fuera de Londres al año próximo siempre habrá tiempo para volver a entonar su canción:

Arsene Wenger's Magic,
He wears a magic hat.
And when he saw THE DOUBLE,
He said I'm having that!
 

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