
La magia de Les Gones
Javier de Miguel
No voy a hablar del Arsenal, como en ocasiones suelo hacer, tampoco de algún jugador mítico o de un entrenador brillante. Esta vez quiero hablar de un club, un club modélico en todo: organización, cantera, fichajes, estructura, gestión económica, gestión deportiva y un largo sin fin de motivos que lo llevan a la admiración de muchos.
Se podría pensar que es el Villareal de Pellegrini y Llaneza pero hoy no me toca ensalzar al submarino amarillo, aunque el equipo en cuestión guarda grandes similitudes con los levantinos. El turno es para el Olympique Lyonnais.
Club antiguamente modesto de la liga gala que no se convirtió en profesional hasta mediados del siglo pasado. Tradicionalmente el O.L es un equipo de mitad de tabla que pese a haber logrado algunos títulos coperos nunca había dado muestras de convertirse en lo que hoy en día es, campeón de la liga gala durante 7 temporadas consecutivas y absoluto dominador de la “Ligue One” francesa. En todos estos años de un dominio abrumador, el Lyon ha sabido renovar y recuperarse de las continuas pérdidas de sus figuras pero la dinámica del equipo de Gerland ya no es ganadora. Año tras año hemos contemplado como el equipo de Aulas dictaba sentencia en Abril y se “echaba a dormir” hasta la temporada siguiente pero hay un palabra que puede explicar y describir la historia actual del Lyon: ambición.
Ambición, esa palabra que en ocasiones suena tan déspota y egoísta pero que resulta realmente importante en el fútbol actual, movido por dinero y falto de sentimientos y pasiones que tanto alientan a los aficionados. Os preguntaréis que tiene que ver la ambición con el Lyon; en realidad todo. Cuando Aulas escala a la presidencia, anuncia que llega al club convencido y dispuesto a llevarlo a lo más alto y cumplió su objetivo. Su escalada se fundamentó en una hornada tremenda de jugadores de la casa y un gran tino fichando jugadores cariocas, Govou, Dhorasoo o un Juninho Pernambucano muy tierno condujeron en los primeros años al Lyon a establecer el principio de una implacable dictadura.
Año a año y con Europa entusiasmada ante un atrevido equipo galo, los grandes se peleaban por quitarle los jugadores al Lyon. La dirección deportiva tuvo que variar su gestión, ahora la estrategia era fichar jugadores jóvenes y provechosos que aunque pudieran ser costosos deberían aportar al grupo en pos de seguir mandando en Francia pero creciendo en Europa. El objetivo de dominar el campeonato doméstico era tarea fácil pero cuando llegaba la hora de la verdad, Europa se quedaba grande para el Lyon; esto provocó grandes conflictos con el presidente ya que Diarra o Essien se declararon en rebeldía para marcharse a clubes de mayor enjundia. La misma ambición que Aulas reclamaba a la hora de fichar nuevos jugadores que aportaron al grupo poseía a éstos mismos y se acababan marchando a clubes con mayores perspectivas de triunfo y repercusión internacional.
Durante la temporada 2007-2008, el Lyon dominó dos tercios del campeonato pero durante el último tramo su nivel bajó hasta casi perder el mismo. La misma ambición con la que sus dirigentes querían contagiar a los jugadores los había envenenado en contra suya; el campeonato galo ya no es suficiente y la falta de rendimiento en Europa contagió a la escuadra de un aire displicente que se están alargando durante la presente campaña. Quizá todo ello no sea suficiente para destronarles pero las aguas bajan turbias desde Lyon y “Les Gones” no tienen tanta tradición o historia y su camiseta no evoca gloria. No quiero anunciar el apocalipsis del Lyon pero la “magia” ya no les rodea.
El amor y la lealtad no existen, los éxitos no llenan y los cánticos de sirena son demasiado atractivos para no ser atendidos para jugadores de un gran talento pero de mayor ambición.
Ambición, esa palabra que en ocasiones suena tan déspota y egoísta pero que resulta realmente importante en el fútbol actual, movido por dinero y falto de sentimientos y pasiones que tanto alientan a los aficionados. Os preguntaréis que tiene que ver la ambición con el Lyon; en realidad todo. Cuando Aulas escala a la presidencia, anuncia que llega al club convencido y dispuesto a llevarlo a lo más alto y cumplió su objetivo. Su escalada se fundamentó en una hornada tremenda de jugadores de la casa y un gran tino fichando jugadores cariocas, Govou, Dhorasoo o un Juninho Pernambucano muy tierno condujeron en los primeros años al Lyon a establecer el principio de una implacable dictadura.
Año a año y con Europa entusiasmada ante un atrevido equipo galo, los grandes se peleaban por quitarle los jugadores al Lyon. La dirección deportiva tuvo que variar su gestión, ahora la estrategia era fichar jugadores jóvenes y provechosos que aunque pudieran ser costosos deberían aportar al grupo en pos de seguir mandando en Francia pero creciendo en Europa. El objetivo de dominar el campeonato doméstico era tarea fácil pero cuando llegaba la hora de la verdad, Europa se quedaba grande para el Lyon; esto provocó grandes conflictos con el presidente ya que Diarra o Essien se declararon en rebeldía para marcharse a clubes de mayor enjundia. La misma ambición que Aulas reclamaba a la hora de fichar nuevos jugadores que aportaron al grupo poseía a éstos mismos y se acababan marchando a clubes con mayores perspectivas de triunfo y repercusión internacional.
Durante la temporada 2007-2008, el Lyon dominó dos tercios del campeonato pero durante el último tramo su nivel bajó hasta casi perder el mismo. La misma ambición con la que sus dirigentes querían contagiar a los jugadores los había envenenado en contra suya; el campeonato galo ya no es suficiente y la falta de rendimiento en Europa contagió a la escuadra de un aire displicente que se están alargando durante la presente campaña. Quizá todo ello no sea suficiente para destronarles pero las aguas bajan turbias desde Lyon y “Les Gones” no tienen tanta tradición o historia y su camiseta no evoca gloria. No quiero anunciar el apocalipsis del Lyon pero la “magia” ya no les rodea.
El amor y la lealtad no existen, los éxitos no llenan y los cánticos de sirena son demasiado atractivos para no ser atendidos para jugadores de un gran talento pero de mayor ambición.