
Primer partido a domicilio del Manchester United en esta nueva temporada de la Premier League. Visita al campo del Burnley, equipo recién ascendido, en busca de una nueva victoria para consolidar la conseguida hace escasos días en Old Trafford ante el Birmingham.
Un partido fuera de casa en la Premier siempre es un choque complicado, sea cual sea el rival. Por ello, la expectación era prácticamente la misma que la del anterior domingo, pues todavía no sabíamos cual era el nivel real de este nuevo United, ya que los hombres de McLeish no habían puesto ningún tipo de oposición. El juego de este encuentro había dejado mucho que desear y por ello, al menos yo, sentía ya la necesidad de ver a los de Ferguson en apuros.
Comenzaba el choque y la posesión estaba repartida, con balones muy largos pero igualmente efectivos de los locales y con un United intentando tocar el esférico a ras de suelo. Partiendo de la base 4-2-2-2, Giggs y Park se movían continuamente, apareciendo tan pronto por el centro como por la banda; mientras que la pareja hoy titular en la delantera, Owen y Rooney, tenían que bajar también en alguna ocasión a recibir el esférico.
En los mejores momentos de los visitantes, cuando el medio campo y la delantera estaba empezando a coordinarse, llegó el mazazo en forma de gol por parte del Burnley. Tras una gran parada de Ben Foster, aguantando bien en el mano a mano, Robbie Blake aprovechó un balón suelto para enganchar un magnífico disparo en el aire ante el que nada pudo hacer el guardameta de los Red Devils.Ya al borde del descanso, Owen daría un gran pase a Anderson, que tras picar el balón sobre la entrada del autor del gol local, caería al césped, provocando así un penalti que Jensen detendría a Carrick de forma extraordinaria. No iba mal tirado, pero el enorme portero del Burnley acertó en su estirada. Llegábamos al descanso y las cámaras enfocaban al siempre frío Berbatov en el banquillo, quizás como diciéndole a Ferguson que tenía la solución a los problemas del United a su lado.
Comenzaba la segunda mitad sin cambios. El juego desplegado no había sido para nada feo y, a excepción de la defensa improvisada, el equipo estuvo tácticamente perfecto, sin embargo, el choque estaba para un hombre como Berba, ya que una referencia estática podría romper los esquemas de Owen Coyle, aunque finalmente el búlgaro tardaría más de lo esperado en salir.
Llegaban las ocasiones como gotas de lluvia en estas fechas, muy escasas y muy flojas. Las cámaras enfocaban al chicle de Ferguson, a Rooney desesperado por las circunstancias y a Coyle pidiendo “cabeza” a sus jugadores. Tan solo algunas ocasiones más claras al filo del final, cuando el Burnley se tiró descaradamente atrás, encerrándose peligrosamente en su campo; pero el resultado no se movería, estallaría el estadio con el pitido final, cual título ganado, terminando el choque con el 1-0 en el marcador y acabando con mi duda inicial correspondiente al choque de hace tres días.En el primer encuentro más o menos serio, no ante un rival de los llamados fuertes, sino contra un estadio abarrotado y con la ilusión de vencer al campeón por bandera, el Manchester United ha dado muestras de lo mucho que va a sufrir este año. Un equipo muy plano, que no debe poner como excusa ni al árbitro ni las bajas defensivas, y al que, sobretodo, después de la marcha de Cristiano Ronaldo y Tévez, tiene la pólvora mojada. Duda resulta: el United tiene una marcha menos que el año pasado.