Noticias del Día — 3 de mayo de 2009 | 0:27

El Barça dinamita la Liga [2-6]

Un texto de

Golpe definitivo a la Liga

E. Ramiro Fernández

 

Ha sido un homenaje al fútbol a la altura de tan insigne fecha. El Barça ha dado un repaso futbolístico al Madrid, en el lugar más complicado y en el momento más definitivo. El Madrid bastante ha tenido con aguantar durante más de una hora el vendaval culé, que con el recital de hoy casi finiquita la Liga y se inyecta una dosis de moral para las batallas que le quedano por delante.

A este Madrid habrá que agradecerle que se haya mantenido sobre la lona hasta final, aguantando golpes y repartiendo cornadas, otorgando valor a un campeonato que lleva teñido de blaugrana desde el mes de diciembre. Ahora la distancia de 7 puntos parece ya inalcanzable en lo moral y en lo matemático. Esa al menos son las sensaciones que se desprendieron del partido en el que la orquesta de Guardiola interpretó su mejor obra.

Todo apuntaba a esta fecha. Las ilusiones y los desafios. El 2 de mayo estaba marcado en rojo desde hace tiempo para ambos y al igual que hace 200 años los ejércitos enemigos no rehuyeron la pelea. Hoy como entonces uno de los bandos se sabía superior al otro, pero  eso en la guerra como en fútbol no es suficiente. Se habla en el campo y ahí la batuta la tomó el Barça desde el principio. Apoyado en dos hombres que hoy han realizado una actuación cargada de clase y vergüenza torera: Xavi e Iniesta. Dos mariscales que han levantado en plena Castellana una auténtica oda al  fútbol. De sus botas y de un tal Messi, salió la primera ocasión del Barça cuando apenas no se había disputado el minuto de juego. El tiro del '6' culé fue atrapado por Casillas.

Pronto, por tanto, se hizo el Barça con el control del dominio. Vino a Madrid a jugar y no a chocar y lo consiguió desde el principio. Los hombres de Guardiola consiguieron parar el arreón inicial del Madrid, que apoyado en la velocidad de Robben buscaba romper el organizado ejército culé. Pero no sufría el Barça, porque el contrario atacaba con piedras y ellos llevaban artillería pesada. Fue entonces, cuando ya se adivinaban las malas intenciones de Henry en el flanco izquierdo, cuando el Madrid sorprendió al Barça. Otra vez lo volvió a hacer, apoyado en un coraje y un pundonor a prueba de bomba, Serigio Ramos le ganó en velocidad a Abidal y su centro templadito lo mandó para dentro Higuaín (min. 14), completamente solo en el área chica.

Un despiste y ¡zas!,los hombres de Guardiola comprobaban que las piedras también duelen. Sin embargo, el Barça se sabía superior y no cambió el guión. Siguió jugando a eso del toque, toque y toque con Henry como estilete y Messi como alborotador. El francés también era conocedor de tan señalada fecha y comandó a los suyos hasta el triunfo. El primer golpe lo asestó como respuesta a la afrenta blanca. Apenas cuatro minutos después del gol de Higuaín, 'Titi' superaba en velocidad a -un nefasto- Sergio Ramos y con la templaza y sangre fría de los grandes generales colocaba el 1-1 en el marcador.

Y el Barça siguió a lo suyo arropado a un estilo en el cree y con el que está a las puertas de hacer algo grande. Los hombres de Guardiola supieron hoy explotar hasta la saciedad la banda derecha del Madrid y por ahí llegó el segundo. Tras otra cabalgada de Henry, Cannavaro se ve obligado a realizar una falta cerca de la línea de fondo. Entonces la raza se cambió la chaqueta. Sólo así se explica ese salto de Puyol que supuso el primer derechazo a la mandíbula del Madrid. El capitán azulgrana se eleva por encima de cuantos rivales se encuentran a su paso y manda un testarazo a la red ante la impotente mirada de Casillas, el único que hoy estuvo a la altura del escudo que defiende.

Y es que si el Madrid se salvó de la goleada en este primera parte fue en parte gracias a ese santo que cuelga de su portería cada domingo. Esperanzados en esa fé iba el Madrid controlando los arreones blaugranas, a la vez que disparaba balas de foqueo, hasta que apareció él. El messias culé que no quería faltar a un fecha tan señalada. Todo surgió en un error garrafal de Lass al que Xavi, siempre tan atento, le birló la cartera, el balón y el prestigio ganado en cinco meses de intachable trabajo. El esférico llegó a los pies de Messi quien con la tranquilidad de los genios lo alojó sutilmente lejos de Casillas (min. 35). Fue un golpe duro y por la espalda, pero ambos sabían que no era definitivo.

Con ese marcador se fueron al descanso, para recuperar fuerzas y reorganizar las estrategias. El ritmo de esta primera parte fue elevadísimo, a la altura de la intensidad y el valor de lo que estaba en juego. Tras la vuelta de vestuarios los contrincantes se conocían demasiado bien para cambiar los roles. Era el estilo contra la perseverancia y el destino le concedió a esta última otra oportunidad. Fue en una falta, cuanto menos dudosa, que  saca Robben con veneno y Ramos cabecea -otra vez solo- a la red. Corría el minuto 56 y en Madrid todavía creían en el 'levantamiento'.

Aunque, el Barça no dio opción. Su munición al igual que su propuesta era superior y el murmullo una constante cada vez que los blaugranas pisaban el área de Casillas. En el cuarto no hizo falta. Otra vez Xavi marca un pase de tiralíneas hacia Henry quien sorprende por la espalda de Ramos y fusila a bocajarro la desesperada salida de Casillas desde la frontal. La respuesta culé desalentó las esperanzas blancas justo cuando el Madrid comenzaba a notar el cansacio. Los hombres de Guardiola se dedicaron entonces a templar el partido y a controlar al rival. Fue a partir de ese momento cuando Xavi e Iniesta comenzaron a demostrar que la altura de los jugadores, como las de las personas no se mide en centimetros. Así de uno de los interminables rondos culés nació el quinto, en otro movimiento mágico de Xavi que se quita a dos rivales con un giro sobre sí mismo antes de ponérsela a Messi para que la Pulga finiquitara el partido y posiblemente el campeonato(min. 75)

Luego llegaría el gol de Piqué (min. 82)-otro de los destacados hoy en Chamartín- en una muestra más de la superioridad del cuadro culé. Ante tal chorreo muchos prefirieron sacar la bandera blanca para pedir clemencia y paz, otros se fueron antes para no verlo y los jugadores blancos acabaron rendidos ante un ejército que hoy demostró su grandeza, su pundonor y su persistencia, todas ellas virtudes blancas, pero es que a esto unió la clase y la calidad de un grupo de jóvenes que lucharon para conquistar un territorio casi siempre
inexpugnable. Para el Barça sólo era una batalla más, para el Madrid la guerra ya ha terminado

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