Dentro de poco el mundo del fútbol se volverá a rendir a los pies de otro grande que
se marchará. En este caso no se trata de un jugador cualquiera, sino del que posiblemente sea
uno de los tres mejores delanteros que se ha visto en el mundo del fútbol.
Nos referimos a Ronaldo Nazario, un futbolista querido tanto fuera como dentro del campo por prácticamente todas las aficiones a las que ha hecho disfrutar con sus goles.
En su actual equipo, el Corinthians, suma más de 100 días sin saltar a la cancha, sin
sentir el aliento de la afición, sin sentir el balón dentro de la red y eso cansa psicológicamente
a un jugador acostumbrado a las grandes tardes, todo eso acompañado de un físico
desvirtuado y que muestra a un jugador que para muchos se “retiró” del buen fútbol cuando
allá por el año 2007 abandonó el Real Madrid.
Dentro de poco y sin avisar se irá el máximo goleador en la historia de los mundiales,
el jugador que voló por los campos de España con el FC Barcelona y dejó goles para la historia.
Pero también se irá el jugador que supo adaptarse a una terrible lesión de rodilla en plena
juventud que lo cambió. Pero Ronaldo siguió siendo goleando en Milán y posteriormente
en el Real Madrid. Más de 400 goles han nacido de sus botas, pero Ronaldo siempre ha sido
algo más que un goleador y fuera del campo ha hecho comprender a muchos aficionados al
fútbol que sólo unos pocos pueden disfrutar de la vida siendo deportista como él lo ha hecho.
Ahora llegan cantos de sirena de la liga australiana, pero “O Fenómeno” ya no se
divierte y para él no existe el fútbol sin diversión. Hace pocos días comentaba “no quiero
poner una fecha para acabar mi carrera. Quiero llegar después del partido y decir ‘hasta aquí
he llegado’. Esto puede acontecer en el próximo partido, pero me esforzaré para que hasta
el fin del año este sacrificio sea una recompensa para el aficionado. Ellos merecen todo mi
esfuerzo”, desde las gradas esperaremos que ese día llegue más tarde de lo que algunos
creemos, y que cuando llegue, el mundo del fútbol esté a la altura para saber despedir a otro
Balón de Oro.
