
El Atlético de Madrid no gana al Real Madrid en el Calderón desde junio de 1999, hace más de una década. En aquel equipo destacaban futbolistas como Molina, Valerón, Solari, Juninho -que marcó un golazo al Madrid en la temporada anterior en el Bernabéu- o Jordi Lardín, que estuvo el pasado martes en ‘Que te den por el fútbol’.
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La trayectoria de Lardín refleja la de un rojiblanco al que la vida le enseñó las dos caras. Este manresano nacido en 1973 comenzó a destacar en Segunda División en las filas de un Espanyol entrenado por José Antonio Camacho.
Sarriá le apodó Speedy en honor a su velocidad. Lardín tenía una gran capacidad de desmarque y a menudo sorprendía entre líneas a la defensa contraria. Fue trabajando el olfato goleador hasta conseguir en la 95-96 un total de 17 goles en Liga y 5 en Copa del Rey.
Lardín se confiesa ‘perico’, pero en 1997 no pudo rechazar la oferta del Atlético de Madrid, que pagó 1.500 millones de pesetas por él. “Soy periquito de corazón, pero en todos los equipos he intentado dar el máximo”, asegura. Él mismo reconoce que sus primeros meses en el equipo rojiblanco fueron de los mejores de su carrera.
El 8 de octubre de ese mismo año Jordi tuvo un grave accidente de tráfico que muchos señalaron como punto de inflexión de su carrera. Lardín lo niega recordando que tras el accidente fue internacional y tuvo buenos partidos, como el de Riazor de esa temporada. “Es lo que menos recuerdo. La gente se empeña en decir que ya no volví a ser el mismo, pero puedo decir 200 jugadores que tras pasar por el Atlético no fueron los mismos. Podemos hablar de mil casos que llegaron al Atlético de Madrid y que por diversas razones no funcionaron”.
Sin embargo, Lardín fue quedando relegado progresivamente al banquillo hasta que en el año 2000, cuando el Atlético descendió a Segunda, puso rumbo al Espanyol. “Yo soy una persona que para hacer las cosas me tengo que sentir importante. Perdoné al Atlético la mitad de mi contrato y me marché”.
No salió del todo contento el manresano del conjunto rojiblanco. “En el Atlético me sentía perseguido. Tenía la sensación de que al tener amigos del Madrid estaba violentando la integridad del equipo”, se lamenta el ahora agente de futbolistas.
Lardín critica además que se mirase con lupa sus actuaciones fuera del terreno de juego. Y es que desde ciertos sectores de la grada rojiblanca se señalaba al delantero por juerguista. “Mi vida fuera del campo no la puede controlar nadie. No tengo nada que esconder, no hacía nada malo. Yo la conciencia siempre le tuve tranquila”. E incluso va más allá, “ciertos miembros de algunas peñas con conexiones con la directiva decían que me veían todos los días de fiesta y la directiva se lo creía, pero ese no era mi problema”, sentencia Lardín.
Aunque su relación con el club no fuese excelente, el futbolista perdonó la mitad de su contrato cuando dejó el equipo. Pero no duda en apuntar las razones de los altibajos colchoneros: “El Atlético no ha sido sólo el fracaso de Lardín, han sido muchísimos jugadores que no han rendido al nivel. Han pasado muchos entrenadores y muchos jugadores. No creo que el fallo esté en ellos”. Lardín recuerda con especial cariño y respeto a Radomir Antic o a Arrigo Sacchi, que le dirigieron durante su etapa rojiblanca.
Tampoco le fueron muy bien las cosas en su vuelta a Barcelona. Por eso decidió intentar la aventura del Xerez. Allí se encontró con Schuster, con quién no compartía “la manera de entender el fútbol”. Lardín no entendía las formas del entrenador alemán ante los medios y el público, y decidió poner punto y seguido a su trayectoria en el mundo del fútbol a sus 30 años.
Speedy guardaba un par de coletazos más. Lo intentó en el Leganés dos años después de su retirada, y luego jugó un tiempo en Primera Regional, pero él ya había decidido colgar las botas a nivel profesional por convicción. “No me divertía. No sentía amor por lo que hacía, lo dejé y me fuí”.
Pero, lejos de marcharse del fútbol con resentimiento, el internacional español se queda con lo mejor. “Los sueños que tenía cuando era jugaba en la plaza de mi barrio los cumplí. Llegué a jugar en la Primera División, fui internacional con la selección y, sobre todo, pude darle a mi familia la estabilidad económica que no tenían cuando era pequeño”.
Eso sí, confiesa que hubiese cambiado algunas cosas. Sobre todo, hubiese sido más egoísta para no acabar siendo “traicionado”. Y es que Lardín cuenta con una mano los amigos que ganó dentro de los terrenos de juego.
Lardín tampoco se esconde a la hora de hablar del fútbol actual. “Creo que hay dos ligas. La del Barça y el Madrid y la del resto. Si queremos ver una Liga es partir todos con la misma base para saber quién es buen entrenador, quién tiene una buena secretaría técnica o buenos jugadores. Que Madrid o Barça pierdan hoy un partido es un fracaso”, sentencia.
Jordi asegura vivir ahora feliz con su trabajo de representante, descarta dar el salto a los banquillos aunque no niega que en un futuro pueda aspirar a ocupar la dirección deportiva de algún equipo como ‘su’ Espanyol. El fútbol le debe otra oportunidad.



